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El ejercicio de la profesión de arquitecto implica la satisfacción de una necesidad demandada por el cliente y que se traduce en la concepción de una realidad espacial.
Sin embargo, es evidente que esta demanda lleva implícita unas expectativas y objetivos que el cliente quiere ver cumplidos en su casa. Por esta razón, es fundamental que sea capaz de despertar en él una satisfacción estética.
Esta satisfacción se consigue con una búsqueda decidida de la belleza y con la aplicación de unos conocimientos y destrezas adquiridos por el arquitecto durante su formación, tales como la correcta utilización de la luz, la proporción adecuada del espacio, la huida de modas, la funcionalidad como máxima o un pensamiento crítico para no dar nada por supuesto y cuestionarse todo cada vez.
Todo ello aplicado durante un proceso iterativo de relación entre cliente y arquitecto, en el cual, a partir de conversaciones, sensaciones, imágenes, etcétera, se llega a la definición de un concepto, leit-motiv que ordena y justifica el camino tomado y que da lugar a la creación de una realidad espacial.

JUAN ESTEVE LEGUA

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